"Cielo Rojo... para pajaritos de alita rota"

"CIELO ROJO"

Para pajaritos de alita rota...


La Joyería Contemporánea Latinoamericana vive un momento de cambio y cuestionamiento importante. Se percibe (cada vez con mayor notoriedad) la presencia de voces que acusan de frivolidad y superficialidad, de trabajar desde un circuito muy cerrado y ensimismado; llegando a ubicarse, finalmente, más cerca de algo que se asemeja más a un mercado de objetos exclusivos, que a un nuevo arte.

Pero debemos ser cuidadosos con las generalizaciones, existen posiciones diversas dentro de la Joyería Contemporánea y la que nos interesa a nosotros, la más atractiva desde el punto de vista de la crítica, es esa que se aleja cada vez más de todo aquello que tiene que ver con la palabra "joyería" y se acerca cada vez más al arte, la reflexión y a una visión crítica del objeto.


En esta nueva serie, el Estudio Honorato Vicencio se encuentra en búsqueda de un lenguaje, de una nueva manera de ver estos objetos portables, que ya muy poco tienen de joyas. La condición de portabilidad en el cuerpo es lo que queda del origen, mientras que la atención se desplaza, finalmente, a otros aspectos de estos "objetos raros". No se realizarán esfuerzos por relacionar la búsqueda con el concepto de lujo, como se entiende tradicionalmente en la joyería. Lo que se busca, ahora y constantemente, es cuestionar una y otra vez, por medio de dos interrogantes, las que interpelan las estructuras actuales de todo:

"¿Dónde ponemos el Valor?" y "¿Qué es lo Sagrado para nosotros?

"Cielo Rojo... Para pajaritos de alita rota" viene a confrontar y dar luces a estas interrogantes que se nos cruzan todo el tiempo, sin embargo, lo que realmente provocan, es el acto de dejarnos ciento un preguntas más sobre la mesa.

Las preguntas que plantea la búsqueda de este nuevo lenguaje, ponen la atención en el cómo están hechas estas piezas, sus materialidades, su contexto. Lana tejida, colores, formas que evocan algo que no termina de quedar determinado, acompañados de una búsqueda de materiales simples, cercanos, cotidianos y profundamente ordinarios. El título de esta serie nos da algunas pistas: "Cielo Rojo... para pajaritos de alita rota". Esta es una cita del Manifiesto "Hablo por mi diferencia" de Pedro Lemebel. El misterio que estas piezas nos presentan contiene un relato material que dialoga con este texto, en donde se expone una férrea defensa a la diferencia, a la subjetividad individual. Lo que plantean estos artistas es, finalmente, el trabajo desde metáforas de diversa índole y alcance, donde el eje principal -y a la vez, vehículo de la excusa- es el tejido como fenómeno cultural y social.

Estos objetos no fueron hechos con la intención de ser piezas exóticas, no vienen de lugares lejanos, ni están fabricados con técnicas ancestrales. Lo que buscan los artistas es la confrontación entre los efectos de familiaridad por un lado y de extrañeza por el otro. Se conectan directamente con esta tradición de mujeres que tejen, pero no forman parte de ella, más bien, están aquí para interpelarla, para ponerla en un lugar distinto, incómodo incluso. ¿De dónde proceden? Su origen es indefinido, estos "objetos raros" invitan a buscar su lugar, es aquí donde comenzamos a acercanos a la relación con el título, la cita al Manifiesto de Pedro Lemebel. Parece injusto, en este momento, hablar solo de su Manifiesto, todo su obra habla de esa diferencia y de ese "no lugar", de ese "lugar marginal", sin legitimación, donde habitan "los anormales" que se escapan de la correctitud de las estructuras sociales, las cuales no son más que un aparato de normalización económica y simbólica. Esta serie y estas piezas se ubican allí, en ese lugar ilegítimo de los objetos; desplazarlos fuera de la esfera de lo anormal (como algo inadecuado que hay que corregir, a propósito del libro de Foucault, "Los Anormales") y darles un lugar, implica irrevocablemente, acercarse, buscar comprenderlos, sentirlos.

Otra de las ideas que se ponen en evidencia en esta serie es el concepto de la "fragilidad". No hablamos de fragilidad en relación a su estructura, o a si se se pueden romper o desarmar fácilmente (no son piezas fabricadas con los materiales tradicionales hechos para durar cientos de años -como los que utiliza la joyería tradicional- pero no son objetos efímeros tampoco). Lo frágil en estas piezas se mide desde su lugar simbólico y se relaciona con su dificultad para "tener miradas". Al cambiar los estereotipos y signos que se esperan de una joya, un objeto decorativo, en un oficio tradicional (no podemos dejar de reparar en el hecho de que a pesar de sus esfuerzos la Joyería Contemporánea sigue, aún, muy ligada al oficio), esta serie se encuentra emplazada en un lugar que tiene todas las condiciones para la invisibilidad, la indiferencia, incluso el desprecio, en caso siquiera de que logre una mirada (estamos entrenados -muy "bien educados"- para que no nos guste lo extraño y lo que no comprendemos).

Resulta paradójico que unos "objetos raros" que son toda calidez, que envuelven unas pequeñas formas antropomórficas -casi como arrullándolas, protegiéndolas del frío-pudiesen generar desprecio. Pero puede suceder aquí, en una cultura jerarquizada, autoritaria y normalizadora. La diferencia es peligrosa y subversiva, como la obra de Pedro Lemebel, cargada de imágenes que prestan imaginario a las piezas de la presente serie.

Asumir la diferencia -pensamos, creemos- te obliga, de cierta manera inevitable, a mostrar la vulnerabilidad, deja en evidencia y expone la fragilidad, esta exposición ha sido planteada desde tiempos inmemoriales como uno de los grandes pecados humanos. Evidenciar la subjetividad, nos han enseñado, es algo que debemos evitar. Poner la diferencia sobre la mesa, no solo es incorrecto y peligroso, llega incluso a gatillar pánico. Vivimos envueltos en un tabú al que estas piezas quieren apuntar con precisión, ya es tiempo de de-construirlos, repensarlos, cambiar ciertos paradigmas.

Cielo Rojo para nosotros es, como dijo el artista chileno Bernardo Oyarzún, "una pequeña revolución desde el arte"; al igual que él, creemos en el arte como una manera "hacer ver", "invitar", "seducir", compartir y acercar sensibilidades a través de las metáforas, las estrategias de representación y puesta en escena. El sentido del arte para nosotros, desde nuestra posición, desarrolla su raíz en que nuestra labor tiene repercusiones que no se mueven solamente en el plano de lo intelectual, sino también de lo emocional y social. Estas obras instalan al sujeto en un lugar político, apela a la capacidad de tocar emociones, acceder a un lugar más humano; por lo que, como dice la escritora chilena Diamela Eltit: "cada obra elige a sus interlocutores, a su público".

Hacer un arte con sentido, una Joyería Contemporánea con sentido, se ha vuelto una urgencia. El mundo está convulsionado y con cambios constantes, la incertidumbre y el miedo han sacado lo peor y lo mejor de las personas. El arte en este sentido, tiene una labor que puede asumir o eludir. La Joyería Contemporánea está en una entrecruzada en la que sus actores tienen que reaccionar, tomar una decisión, ver si quieren salir de la esfera del adorno y la frivolidad, u optar finalmente por no hacerlo. En nuestro caso, este último trabajo viene a mostrar esto, más allá de los manifiestos y las palabras, están los gestos, las obras. Estas últimas, el mejor argumento, la mejor carta de presentación; las piezas de Cielo Rojo son la respuesta a lo que sucede, tanto en la Joyería Contemporánea como en nuestras formas de hacer sociedad, estar y ser en el mundo, en este mundo de hoy... y en el que soñamos para mañana.

El mundo que conocemos hoy es un lugar que no está acostumbrado a observar la fragilidad; en vez de verla, la condena, la enjuicia y la llena de etiquetas. No contentos con todo esto, si se hace posible sacarle partido a aquélla desvestida fragilidad, se hará sin dudar siquiera. Por eso se nos hace ya cotidiano (normal, invisible) ver nacer a tantos pajaritos de alita rota. Este proyecto es una manera de decirles: los vemos, sabemos que existen, sabemos que están ahí. Si pudiéramos imaginar un mejor lugar, les tejeríamos una vida cálida, un arrullo, una entraña; por que al contrario de lo que la sociedad nos enseña, el deseo de la protección a la fragilidad no surge desde el útero, no es una cosa exclusiva de mujeres. El deseo de la protección a la fragilidad, viene desde las entrañas y eso es algo que podemos hacer todos. Si pudiéramos imaginar un mejor lugar, las alitas rotas no serían un pecado de los pájaros heridos, sino una invitación a vestir la fragilidad del otro -de ese otro que somos nosotros mismos- y darle cabida a un cielo rojo donde podamos todos volar en paz...

Caco Honorato y Mariela Vicencio.

Estudio Honorato Vicencio para Garland Magazine, Australia.